Enmarcar belleza con la mejor moldura es aquello que da sentido a nuestro trabajo. Encontrar ese marco que encuadra perfectamente la obra, que la dignifica, que profundiza en sus sensaciones, que la amplifica.

Esto fue lo que hicimos en la exposición “Frankenstein Resuturado”, que estuvo viajando por Canarias este 2019. Estando a pocos días de un nuevo Halloween, es un buen momento para presentárosla.

¡Mira qué obras tan interesantes y cómo funcionan sus molduras!

 

 

La exposición: 21 relatos y 21 ilustraciones para repensar Frankenstein

¿Qué habría sido de la criatura de Frankenstein si hubiera vivido los dos siglos transcurridos desde su nacimiento hasta hoy?

Esta pregunta es el eje que articula Frankenstein resuturado: a ella respondieron 21 autores con sus relatos y poemas. Y cada uno de esos textos le llegó a otros tantos artistas para que ampliaran la experiencia con una obra original. Nuestra parte era enmarcarlas todas con la moldura perfecta.

Y aquí tienes algunas de las piezas, para que veas el abanico de posibilidades existente en enmarcación.

 

 

De hierro el paso

Yolanda Castaño compone un bello poema para cerrar el periodo 1828-1837 con el ritmo traqueteante de un tren, que transporta a diferentes seres a un futuro incierto.

Para ilustrar este poema, Sara Morante crea una obra densa, perturbadoramente intensa en la expresividad de los personajes, y visualmente muy oscura.

Para potenciar y destacar esas sombras y colores oscuros, la mejor opción es un contraste de blancos, que podemos escalar en dos etapas: un primer paspartú, ancho y simple como “colchón”, seguido de una moldura de grosor medio (la 651-326), también en blanco, pero enriquecida con un patrón rayado y texturizado que recuerda a las vías del tren que recorren los personajes encerrados en la obra.

 

 

Descendencia

Jacinto Muñoz Rengel ocupa la década 1838-1847 con la descendencia del monstruo. El doctor Frankenstein no quiso crearle una compañera para evitar una descendencia terrible. El autor se pregunta entonces si la esterilización la solución.

Javier Olivares ilustra esta cuestión con un monstruo esquivo, eminentemente solo, aislado en las sombras, y con unas manos rojas de sangre que atraen la mirada como un acento luminoso en una obra oscura.

Ese acento rojo es el que hemos querido destacar con la moldura 047-970, en un bermellón impactante debidamente acolchado por un paspartú ancho y blanco que deje respirar la obra y aumente la belleza de los rojos.

 

 

Dos bordes de una misma herida

En este texto de Valeria Correa Fiz, para el periodo 1848-1857, vemos a la criatura lamentando la muerte de su amada, de su madre, que no es otra que Mary Shelley.

Fernando Vicente ha sabido retratar todas las emociones del monstruo magistralmente en esa mirada perdida. El cuadro, igual que lo anteriores, es oscuro, con un gran predominio de verdes y grises.

Por eso escogimos la moldura 063-R72, de grosor medio y acabado sencillo y liso de madera en verde turquesa, que, con su paspartú para equilibrar, extiende los tonos del cuadro al exterior.

 

 

La taza rota

En este texto de Patricia Esteban Erlés, la criatura se ha convertido en pesadilla, y asiste a una historia de amor, a un secuestro y a una ejecución.

Raquel Aparicio creó una composición geométrica con las diferentes escenas, de colores intensos y viscerales, donde dominan los rojos y los azules en grandes contrastes.

Esta riqueza de color es lo suficientemente poderosa por sí misma como para recargarle más. Por eso optamos por la moldura 452-S89, una moldura bien ancha con un acabado gris perla, y salpicado de gotas plateadas que evocan el resultado de la taza rota del relato.

 

 

Victoria

Elia Barceló nos representa a una criatura que cruzaría nuevas fronteras, maravillosamente pintada por Juan Miguel Aguilera mientras mira hacia las estrellas y contempla el despegue del cohete que, quizá, le llevaría con su anhelada compañera.

De nuevo, una obra de carácter oscuro (no podía ser de otra forma, bebiendo del original que bebe). Pero, si en “Dos bordes de una misma herida” la luz era apenas un destello mortecino que acompañaba la escena, en “Victoria” la luz es destello de fuego, y totalmente protagonista.

Eso nos sugirió utilizar la moldura 622-Y75, de grosor intermedio y con un interesante acabado en amarillo-dorado envejecido que, salpicado de bits oscuros, matiza los colores de la obra enmarcándola en una escotilla de nave espacial.

 

 

La edad de oro

María Zaragoza nos trae un brillante texto acercándonos al pasado reciente: un monstruo de Frankenstein convertido en ángel de la Movida madrileña, que será capaz de encontrar la amistad entre jeringuillas y acordes de rock.

Dídac Plà consigue aquí una ilustración que impacta y llega al corazón, tan tierna como perturbadora, con la mano de la gigantesca y deforme criatura trabando contacto con las suaves manos de un bebé.

Es una obra donde el contraste blanco-negro se lleva todo el protagonismo, así que esa combinación de colores era idónea para enmarcarla. Optamos por un paspartú blanco y la moldura 416-219 de grosor medio-fino, con un escamado rugoso con levísimos reflejos ocres que casan con los que despuntan sutilmente en el cuadro.

 

 

Europa

Raquel Lanseros cierra Frankenstein resuturado con la última década: 2008-2017. Y su texto se clava directo en el alma: en él, la criatura es Europa, formada a base de sangre y retales.

Santiago Sequeiros acierta a reflejarlo de forma magistral en una ilustración en el que la criatura, que sufre y padece, parece estar “amontonada” mientras sujeta al inocente bebé.

La obra es esquemática e impactante, y aunque el rojo tiene un papel importante, cargarlo también en la moldura le restaría valor al del interior. Optamos entonces por la moldura 001-911, fina, sencilla, en color negro. Combinada con el paspartú en blanco roto, la composición queda perfecta.

 

 

Como ves, enmarcar no es simplemente “poner un marco”. Se trata de establecer un diálogo entre la obra y su moldura… ¡y las “charlas” que puedes tener con ellas son infinitas!